Roberto Gajardo Tobar nació en San Felipe en 1903. Asistió al Colegio de las Srtas. Lambert en Villa Alemana. Vivió en Los Andes, donde su tío Maximiliano Salas Marchant, que era profesor, influyó poderosamente en su formación. Al trasladarse éste a Santiago, Roberto Gajardo lo siguió para estudiar en el Liceo de Aplicación. Allí tuvo la suerte de conocer hombres que tuvieron gran connotación nacional: educadores, médicos, hombres de ciencias, escritores, que le señalaron el camino que más tarde había de seguir. Estudió Medicina en la Universidad de Chile; demostrando ya en esa época, una clara inclinación por la Parasitología, disciplina que nunca abandonó, destacando en ella a nivel regional y nacional. En el año 1931 su salud se vio resentida, por lo que llega a ocupar la plaza de médico rural del Servicio de Seguro Social con asiento en Vicuña, allí ejerció su profesión como un verdadero apostolado durante aproximadamente cinco años, y conoció a su futura esposa, la Sra. Mary Houston. Avecindado en Viña del Mar, desde 1935, ejerció su especialidad de médico cirujano, en 1937 se trasladó a trabajar a Casablanca, donde durante su estadía hizo importantes hallazgos que le permitieron publicar su "Descripción de una Clava Cefalomorfa de piedra, encontrada en Casablanca" (1937), y "Las piedras tacitas o de mortero del Valle de Casablanca" (1939). Fue en aquella época en que el Dr. Gajardo se vinculó estrechamente a la Sociedad de Arqueología y su Museo. Ingresó por invitación de su primer directorio en Julio de 1938, a nueve meses de su creación, como resultado de la investigación que publicara por esos días sobre la Clava de Casablanca. A partir de entonces continuó estrechamente vinculado al Museo hasta su muerte. Su larga presencia en él, cincuenta y cuatro años de labor tenaz y desinteresada, primero como socio y muy pronto como presidente de sucesivos directorios, lo convirtieron en la figura más relevante de la Institución. Paralelamente fue fundador de la cátedra de Parasitología en la Universidad de Chile en Valparaíso y participó en la creación de muchas otras instituciones, destacándose como profesor universitario. Se especializó en el estudio diversos temas como la enfermedad de Chagas, las vinchucas y las arañas venenosas de Chile, entre otros. Como rotario participó en la fundación de los clubes de Casablanca (1938) y Viña del Mar (1944) y como socio en el de Quilpué; fue incorporado por sus méritos rotarios a la Paul Harris Institución. | ![]()
Entre 1941 y 1942
estudió Sanidad y Parasitología en la Rockefeller Fundation, en Estados
Unidos, participando en estudios sobre malaria y anquilostomosis en
Atlanta (Georgia]. También realizó una estadía de perfeccionamiento en
el Instituto de Medicina Tropical de Hamburgo, Alemania. Finalmente, de regreso en Chile en 1942, ejerció su profesión en el Servicio de Medicina del Hospital de Viña del Mar, perteneciente al Servicio de Seguro Social. El Dr. Gajardo trabajaba al mismo tiempo como médico de Carabineros, de Ferrocarriles del Estado, de la Compañía Refinería de Azúcar de Viña del Mar y de la Compañía Sudamericana de Vapores. Al cabo de alrededor de 35 años de servicio, fue jubilando en las instituciones señaladas. También ejercía la medicina en forma privada. Su trabajo más importante en el área de Arqueología, fue la excavación de 1956, del sitio arqueológico de Las Cenizas, cerca de Placilla, un gran cementerio del período Arcaico asociado a piedras tacitas. De sus trabajos en el Norte Chico se conservan numerosos materiales Diaguitas del valle de Elqui y Paihuano, recuperados cuando ejercía como médico rural. Y junto a su esposa, descubrió los litos geométricos de la Cultura Huentelauquén, a fines de 1955. En la década de 1960, trabaja en la investigación arqueológica de el Estadio de Quillota. Durante aquellos años el doctor Gajardo era el sostenedor económico del Museo, lo que se mantuvo hasta que consiguiera una subvención mensual de la Municipalidad de Viña del Mar. El doctor Gajardo falleció en 1992, durante su vida fue médico, arqueólogo, filántropo, bibliófilo y por sobre todas las cosas, un hombre bueno. Sus colecciones, libros, muebles y materiales de ciencias naturales, permitieron dar forma a nuestro Museo, dándole relevancia en el contexto museológico internacional. Sin embargo, lo más importante que nos legó fue su espíritu y ejemplo, que permanecerán para siempre en todos los integrantes del Museo. |





